O por qué lloro cuando la veo
Aviso: este artículo contiene spoilers sobre el final de El Show de Truman
Esta escena siempre me ha encogido el corazón y provoca que se me humedezcan los ojos. La conversación entre Truman y Christof, la expectación de los espectadores y la tensión que viven, el deseo de que Truman consiga escapar… todo ello abrazado por, lo que para mí, es un sobrecogedor tema musical que marca el ritmo emocional de todas las personas que están viendo a Truman en pantalla, dentro y fuera de la película. Porque uno de los aciertos de esta escena es que consigue que nos identifiquemos con todas las personas que están viendo el programa en ese momento siendo testigos de un momento histórico de la televisión….
El muro al final de Seahaven
Truman ha sobrevivido a la tormenta desencadenada por Christof, el creador, y su barco choca contra el límite físico del enorme decorado de televisión en el que ha vivido toda su vida. Encuentra una escalera, asciende por ella y descubre la puerta de salida.

Christof, creador y director de su vida televisada, se dirige a él. Reivindica el programa como una fuente de esperanza para millones de espectadores e intenta evitar lo que parece inevitable: la marcha final de Truman.
Truman comprende que ha sido el protagonista de una ficción, pero Christof insiste en que él es real. Durante ese enfrentamiento, “Father Kolbe’s Preaching” aporta a la escena una solemnidad que trasciende el espectáculo televisivo.
Una pieza de Wojciech Kilar
“Father Kolbe’s Preaching” es una pieza del compositor polaco Wojciech Kilar. En El show de Truman escuchamos la grabación interpretada por la Orquesta Filarmónica Nacional de Polonia, dirigida por Kazimierz Kord.
Ponte unos auriculares y escucha esta pieza musical que encontrarás en la pista 18 de la Banda Sonora Original.
La película combina música original de Burkhard Dallwitz y Philip Glass con otras obras preexistentes, como ésta de Kilar, usada en su secuencia final y con la que consigue ir más allá de la pantalla tocándonos el alma.
Una música nacida de otra historia
Porque ésta es una música nacida de otra historia. No fue compuesta originalmente para El Show de Truman, sino que procede de la música de otra película, concretamente, la película polaca Życie za życie. Maksymilian Kolbe (Life for Life: Maximilian Kolbe), dirigida por Krzysztof Zanussi y estrenada en 1991 y que narra la historia del padre Kolbe que se ofreció a ocupar el lugar de un prisionero de Auschwitz condenado a morir de hambre como represalia por la fuga de un prisionero. Tras dos semanas en la celda, Kolbe fue asesinado mediante una inyección de fenol el 14 de agosto de 1941
La organización musical de la escena
La organización musical de esta escena revela dos bloques musicales en la que se sostienen la emoción y la espiritualidad de lo que vemos en pantalla.
En un primer momento la pieza musical acompaña el ascenso de Truman por la escalera hasta la puerta. Cuando abre la puerta la música cesa, se interrumpe, queda suspendida; igual que Truman queda suspendido entre el mundo de ficción a este lado de la puerta y el mundo real más allá de ella.
En un segundo momento, la música comienza de nuevo a sonar cuando Christof se dirige a Truman: “Truman, puedes hablar… te escucho….”
Piano y cuerdas acompañan el silencio de Truman y el aumento de la tensión de Christof hasta que Christof pierde el control y un silencio espeso y cargado de expectación se apodera de la escena. La pieza concluye justo antes de que Truman pronuncie su famosa frase a modo de despedida y cruce la puerta.
La libertad tras la puerta
Esta organización musical convierte la fuga de Truman en un acto de liberación interior, no sólo literal. La música le acompaña en su silencio, en su escucha, en su decisión final y concluye para que Truman pronuncie sus últimas palabras antes de despedirse.
La reutilización de “Father Kolbe’s Preaching” provoca que la escena de Truman adquiera una solemnidad que nos pone los pelos de punta y una emoción inolvidable.
Aquí tenemos un ejemplo de que una pieza musical creada para otro propósito y en otro contexto cinematográfico no sólo acompañe una imagen o una escena, sino que lleguemos a entenderla de otra manera.
Y éste es, para mí, uno de los (muchos) motivos por el que El Show de Truman es una película que debe ser vista, revisitada y su banda sonora escuchada.

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