O por qué no hay que esperar diez años para volver a esta película
Recientemente he vuelto a reencontrarme con Mia y Sebastian.
Dos viejos amigos a los que no he podido dejar de querer desde que los conocí.
Este año se cumple el décimo aniversario del estreno de La La Land, dirigida por Damien Chazelle e interpretada en sus papeles protagonistas por Emma Stone (Mia) y Ryan Gosling (Sebastian). Con motivo de este aniversario, la película ha vuelto a los cines y he aprovechado para verla de nuevo.
He vuelto a emocionarme con su historia, con sus interpretaciones, con su puesta en escena y, por supuesto, con esa maravillosa banda sonora que ya me sé de memoria.
Podría hablarte de mil detalles y curiosidades sobre La La Land, pero esta vez quiero detenerme en algunas historias menos conocidas. Porque volver a verla me ha recordado que incluso una película que creemos conocer bien todavía puede esconder pequeños detalles, conexiones y decisiones que pueden pasar desapercibidos.
Y quizá ésa sea una de las mejores razones para volver al cine.
La La Hand
Hay una imagen de La La Land que probablemente hayas visto cientos de veces.
Es la de Mia y Sebastian bailando en Griffith Park durante «A Lovely Night». En ella, Emma Stone aparece con el brazo levantado y la mano orientada hacia arriba. Ryan Gosling, sin embargo, decidió colocar la suya de otra manera: plana. Según contó años después, pensó que quedaría mejor así, aunque le dijeron que no lo hiciera.
Lo curioso es que aquella fotografía acabaría convirtiéndose en el cartel de la película.
Gosling contó en 2024 que, cuando se tomó la fotografía, no sabía que terminaría siendo utilizada para el póster. Con el tiempo llegó a bromear con que aquella mano le perseguía y la bautizó como «La La Hand».
Diez años después, con motivo del aniversario de la película, Lionsgate decidió modificar el cartel y colocar la mano de Gosling levantada, mucho más parecida a la de Emma Stone. El actor fue informado del cambio y dio su aprobación.
Después de diez años, La La Hand había encontrado por fin su posición.

¿Pero qué hace aquí J.K. Simmons?
Quizá no conozcas la película Whiplash. O quizá sí y te pase como a mí: que no te dieras cuenta cuando la viste de que aquel profesor de batería, obsesionado con el jazz, no era otro que nuestro querido Bill, dueño del restaurante y responsable de que Sebastian perdiera su empleo de pianista por tocar lo que quería —ese jazz que tocaba desde el corazón— y abandonar el repertorio navideño que Bill le obligaba a tocar.
Y para que a ti no se te escape, te cuento esta conexión entre estas dos películas.


En las dos aparece J.K. Simmons y en las dos está relacionado con el jazz.
En Whiplash, Simmons interpreta a Terence Fletcher, un profesor de batería obsesionado con llevar a sus alumnos al límite. En La La Land interpreta, como ya te he dicho, a Bill, el responsable del restaurante en el que Sebastian trabaja al comienzo de la película.
Pero aquí viene lo curioso y lo que más me gustó de esta conexión: sus personajes parecen estar en lados opuestos de la misma conversación sobre el jazz.
Fletcher es un apasionado del jazz y cree que la grandeza exige una entrega casi absoluta. Bill, en cambio, quiere algo mucho más sencillo: que Sebastian toque lo que está escrito en el repertorio y deje de improvisar jazz en su local.
Claro, no te he dicho todavía que Whiplash, estrenada en 2014, también está dirigida por Damien Chazelle y que ambas bandas sonoras son fruto de la composición del magnífico músico Justin Hurwitz.
Y esto explica un pequeño detalle todavía más curioso: «When I Wake» aparece en las dos películas. En Whiplash suena mientras los protagonistas hablan de jazz; en La La Land vuelve a aparecer mientras Sebastian y Mia también mantienen, precisamente, una conversación sobre jazz.
Dos películas. El mismo director. El mismo actor. El mismo compositor. Dos personajes diametralmente opuestos y el jazz como punto de encuentro.
Ahora ya sé qué hace aquí J.K. Simmons
…seguirá siendo mágica…
Y un pequeño detalle por haber llegado hasta aquí. Pero sigue leyendo sólo si ya has visto la película.
La La Land está llena de magia. Una de las escenas más mágicas es, sin duda, la del planetario, donde Mia y Sebastian bailan suspendidos en el firmamento estrellado.
¿Recuerdas el momento en el que Mia y Sebastian descienden de las estrellas y aterrizan suavemente en sus butacas?
Pues como casi todo en el cine, hay truco.
Ese momento está rodado al revés. Emma Stone y Ryan Gosling empiezan sentados en las butacas y son elevados mediante cables. Después, la toma se reproduce en sentido inverso y nosotros vemos cómo parecen caer del cielo hasta sentarse perfectamente. Así se consigue ese aterrizaje tan limpio y aparentemente imposible.
Un pequeño truco cinematográfico que probablemente no hayas notado la primera vez.
Y, sinceramente, prefiero no haberlo notado.
Porque cuando una película consigue que algo así parezca magia, quizá sea mejor dejar que siga pareciéndolo.

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